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Un catalizador llamado William Miller

Laura Almaraz // @LauAlmaraz

Siempre hay algo que funciona en nuestras vidas como catalizador: la muerte de alguien querido, la historia en la que nos vemos identificados dentro de una canción, un diagnóstico mortal, una banda. Uso catalizador desde su significado como sustancia: aquello que acelera o retarda alguna reacción química sin participar directamente en ella.

Cuando vimos Almost Famous (Dir. Cameron Crowe. Perf. Kate Hudson, Billy Crudup, Philip Seymour-Hoffman. Columbia Pictures. 2000), nos dejamos atrapar por esa historia del «sí somos algo, pero no podemos ser ese algo», protagonizada por Penny Lane y Russell Hammond. O quizá lo que nos conquistó fue escuchar acordes de The Who, Todd Rundgren, The Seeds, Stillwater, Lynyrd Skynyrd, Led Zeppelin o Elton John. Ya cada quien elija lo que más le gustó de la historia de Crowe.

The Who Tommy

Pero el verdadero catalizador, para mí, fue William Miller. El personaje es un gran reflejo de lo que uno puede ser en la vida de los demás: un envión, algo que los impulse a crecer o quedarnos en el mismo lugar para siempre. Cuando conocí a Roberto, mi exnovio y músico de profesión, la madurez todavía no le llegaba por completo (incluso no creo que ya le haya llegado del todo aún), pero creo que en su vida fui lo que Rolling Stone para William Miller: un catalizador.

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William, en su narrativa de lo que tiene que pasar para escribir la historia de la portada sobre Stillwater, describe cómo su forma de ser no cool (tanto como la mía) obliga a que los demás desarrollen síntomas de madurez. Mientras más se va exponiendo y mientras más convive con ellos, el feedback es impresionante. Lo que aprenden unos de otros es claro y lo dejan ver hasta el último minuto de cualquiera de las dos versiones que hayamos visto de la película. En cualquiera de los casos, al final, quienes se ven obligados a madurar, a convertirse en adultos, a crecer, son ellos, Stillwater.

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El tipo de enseñanzas que nos puede traer una cinta, a través de su banda sonora, a través de su guión, o del propio lenguaje corporal de sus personajes, es grande, aunque muchas veces subestimado. Almost Famous fue uno de esos filmes que se convirtió en uno de culto porque, como Stranger Things, aludió a la nostalgia para volverse un éxito, un producto de adoración que está a nada de cumplir dos décadas de su creación.

Los catalizadores se hacen presentes de miles de maneras. A Roberto, por ejemplo, el catalizador le provocó crear una banda que no pretende ser Almost Famous. Con un sonido psicodélico que no terminó de definir, M & The rabbit in the hat es la muestra de una evolución musical, de una madurez personal alcanzada a través de vivencias, de música, de enseñanzas que como Stillwater, tuvieron que aprender de una persona como William Miller, para madurar.

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Almost Famous nos sigue enseñando, a 18 años de haberse estrenado, que cada uno de nosotros toma como catalizador lo que más ama: una persona, una canción, un animal, una banda. De ahí a que lo sepamos utilizar para madurar o quedarnos estancados para siempre, es otra cosa.

Geri Halliwell de ‘Ginger Spice’ a fanática de los deportes

Se ganó un lugar en la escena de la música Pop a mediados de la década de los 90’s bajo el nombre de ‘Ginger Spice’ y dio la vuelta por el mundo siendo estrella mundial con el combo Spice Girls en donde era la pelirroja que enmudeció a millones durante esa época.

Hoy Geri, a sus 45 años y lejos de ser una Pop Star ha demostrado tener otros intereses, entre ellos los deportes y es que en un solo fin de semana se dio tiempo de jugar un partido de Tenis a beneficio junto a Novak Djokovic en Montecarlo y al otro día patear un penal en el mítico Estadio San Siro de Milan a lado del legendario Ruud Gullit.

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Geri apareció en San Siro con una camiseta histórica del conjunto Rossonero, la que usaron la primera vez que ganaron la Copa de Europa (Hoy Champions League) en 1963 y que lució bastante bien ganándose a los tifosi a los que terminó de convencer mostrando que tiene habilidades con la pelota.

Durante el partido previo al duelo entre Milan y Napoli, Geri compartió la cancha junto al ídolo Rossonero, Ruud Gullit, y a otra gran estrella del Liverpool, Jamie Redknapp y el legendario arquero de los Reds Bruce Grobbelaar.

Geri Gullit

Un día antes Geri también mostró que tiene facilidad para jugar con la raqueta pues formó parte del torneo benéfico Rolex Prince Albert II que se llevó a cabo en Mónaco. Ahí ‘Ginger Spice’ jugó ante Novak Djokovic. Todo esto es parte de un programa de TV que se encuentra grabando y en el que este par de apariciones formarán parte del show televisivo.

Geri Tenis

RESEÑA: SEX & FOOD-UNKNOWN MORTAL ORCHESTRA

Por Germán Ortega // @Gobi3_1

Es fácil el simple hecho de catalogar a una banda dentro de un género en específico. A lo largo de las décadas, estas surgen por una manifestación de ideas que destacan un momento social o personal en la vida de estas personas. Pasando de épocas más remotas donde el Jazz y el Blues dominaban en tiempos donde la gente de raza negra era vista con cierta malicia y lo expresaban en sus letras melancólicas, desoladoras y de armonías suaves, hasta explorar la otra cara de la moneda, en donde la alegría y el sentimiento de gozadera eran tópicos en el Funk y la música Disco. O incluso, géneros que combinaban ambos estados de ánimo y que varias agrupaciones de rock han expresado desde sus comienzos hasta nuestros días en todas las vertientes surgidas. No hay que hacer de menos a géneros como el Rap, Trip Hop complementando a sonidos que abordan a la música electrónica o sintetizadores, que no siempre son del todo digeribles para el público general o incluso no logran llegar al alcance de todos, pero que tiene su mérito y aportaciones. Un largo camino a través de los años en el que las diversas agrupaciones e intérpretes han tenido que definir su estilo.

Con Unknown Mortal Orchestra el caso es bastante peculiar. La agrupación de origen neozelandesa ha ido en la búsqueda de una ruta sonora a través de sus discos con una historia o alguna experiencia que contar por parte de su líder Ruban Nielson. Si bien se dieron a conocer con un sonido más inclinado al indie con su ópera prima homónima del 2011, no tardaron más de un año en sacar II, su respectivo sucesor que abordaba un estilo completamente distinto y donde la banda comenzó a adentrarse en el Lo-Fi y fusionaba otros elementos de la psicodelia con diversos arreglos vintage que tenían como resultado final composiciones bastantes disfrutables. Y continuarían con esa evolución sonora para Multi-Love, que marcó en el 2015 el punto máximo de maduración del conjunto así como su accesibilidad e interés en el público con temas como Multi-Love, Like Acid Rain y The World Is Crowded.

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Para este 2018, UMO regresa con Sex & Food, su cuarta larga duración tras una serie de lanzamientos tanto de sencillos de manera aparatada (First World Problems) y un par de extensas experimentaciones (SB 04 y 05) previo a la grabación de ésta. Sin embargo, la dinámica implementada sería distinta, ya que el líder de la agrupación narra a través de los doce tracks la situación social que transcurre en el planeta mediante el recorrido en las ciudades en las que se grabó el material, siendo algunas de éstas Auckland, la cuna de la agrupación; la Ciudad de México, específicamente en los estudios Panoram; Portland en Oregon, donde actualmente residen, entre otras localidades más del globo terráqueo.

El álbum arranca con A God Called Hurbis, un breve intro instrumental que no sobrepasa del minuto que nos induce la línea que va a seguir el disco, para continuar de forma inmediata con Major League Chemicals, donde el lo-fi y la distorsión de las guitarras hacen sentir cierto toque de urbanidad dando un prólogo bastante energético. En Ministry Of Alienation, se baja un poco la intensidad dirigiéndose más hacia el soul y terminando de una forma bastante abrupta e inesperada en la que uno se queda con ganas de escuchar más de esa breve intervención de saxofón. Con Honeybee, la banda continúa con el estilo fiel, relax y complaciente que ya les conocemos y con las letras más maduras aludiendo a cierta vibra setentera.

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Pero si hay algo característico del álbum en comparación de sus predecesores es el protagonismo que llevan las guitarras, y un ejemplo claro es el primer sencillo que se dio a conocer, American Guilt, el track más abrumador, pegadizo y contundente del disco. La marea se bajaría de nuevo con Everyone Acts Crazy Nowadays y The Internet Of Love, temas que relatan algunas problemáticas y vicios del individuo en el entorno social. Con Not In Love We’re Just High aborda el tema de la fantasía y las relaciones humanas en el género más acomodado para expresarlo, el R&B; para así proseguir con This Doomsday, la pieza acústica de todo el álbum que avecina un supuesto apocalipsis; y así finalizar con How Many Zeros y If You’re Going To Break Yourself, dos tracks con cierta materia cósmica que aborda el cuestionamiento de nuestra existencia como individuos y lo que nos depara para el futuro.

Al final del viaje y sin abandonar del todo el sello indie característico desde inicios de la agrupación, Sex & Food podría considerarse como el lanzamiento más completo de Unknown Mortal Orchestra. No solo por el estado de ánimo que refleja el álbum (que contrasta mucho entre par de canciones), si no por la vanguardia y el hecho de Nielson de querer seguir contándonos algo en estos tiempos de incertidumbre en la humanidad, que podría convertirse en el soundtrack adecuado dentro de estos tiempos de crisis y conflicto.

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Título: Sex & Food
Artista: Unknown Mortal Orchestra
Género: Indie, Funk, R&B, Rock, Soul
Fecha de Lanzamiento: Abril 6, 2018
Disquera: Jagjaguwar
Duración: 41 minutos

 

Pearl Jam se une a la fiebre por Rusia 2018

Por Germán Ortega // @Gobi3_1

Estamos a unas cuantas semanas de que se lleve a cabo la edición número veintiuno de la Copa Mundial del FIFA en Rusia, y la fiebre futbolera ya abunda en gran parte del planeta. Ésta se ensalza con algunas actividades que se realizan cada cuatro años: el recorrido del trofeo en algunas ciudades importantes, la veraniega costumbre de llenar los álbumes de cronos, o incluso hacer los pronósticos de la fase de grupos para que poco a poco predecir al supuesto campeón de la competencia. Y como siempre, luego hay celebridades que deciden unirse a dicha fiebre pambolera de la máxima fiesta del futbol mundial.

En esta ocasión los que deciden unirse a la celebración son la banda originaria de Seattle, Pearl Jam, que anunciaron en su sitio oficial una colección de diversos jerseys coleccionables de estilo retro que fueron fabricados en Europa por la marca Copa.

Por fortuna nuestra, se hizo una que hace semblanza a la selección nacional de México, la cual competirá en dicho torneo. Los otros doce países que conforman esta colección son: Alemania, Argentina, Brasil, Chile, España, Estados Unidos, Francia, Holanda, Inglaterra, Irlanda, Italia y Portugal.

El costo aproximado de cada una es de unos sesenta dólares, que es un equivalente a 1276 pesos (más cargos y envío), y la puedes adquirir en el siguiente enlace: https://pearljam.probitymerch.com

Aquí te dejamos los modelos de esta gran colección que todo fanático de Pearl Jam (el grunge y la escena alternativa noventera) y futbolero de hueso colorado debe de portar.

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Amor dual: Pink Floyd y el fútbol.

Laura Almaraz // @LauAlmaraz

Las historias que tienen que ver con el fútbol inglés son apasionantes, más las que están relacionadas con la música. La semana pasada comentaba con un amigo cuán complicado es encontrar a un artista que ame tanto al fútbol sin considerarlo como una afición para ignorantes.

«Tengo muchos amigos que son artistas. La mayoría me dicen que no les gusta el fútbol, aunque hay otros, los menos, que me dicen que les apasiona tanto como salir a tocar, como pintar, como escribir», fue lo que me pasó por la mente cuando acostada sobre mi cama miraba hacia el techo.

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Pensé en las múltiples ocasiones en las que he escuchado que las personas a las que nos gusta el fútbol no nos gusta leer y yo, señores, yo leo, sólo que no lo ando presumiendo todo el tiempo. Después de pensar en todos esos detractores del balón, me puse a separarlos por gustos musicales y ahí fue cuando salió Pink Floyd. Muchos de los amigos que tengo son seguidores de la banda británica y también, odian el fútbol y odian a la gente que lo ama.

A Pink Floyd no se le puede odiar, vamos, es Pink Floyd. Pero me puse a reflexionar que ellos alguna vez formaron parte de un equipo de fútbol y propiamente, la banda se ha caracterizado por alzar la voz por muchas de las injusticias que se cometen en el mundo, algo que conocen porque leen.

Roger Waters, activista por convicción, se ha documentado sobre el conflicto Israel-Palestina, ha actuado en contra de las políticas antimigratorias de Donald Trump, se ha manifestado públicamente en contra de la manera de gobernar de Enrique Peña Nieto y cada que tiene algún concierto, procura estar enterado del contexto político que vive el país al que visita.

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Ese mismo Roger Waters, fue portero del PF FC, que era el nombre del equipo de fútbol que creó Pink Floyd a raíz de su afición por el balompié, algo que siendo inglés, prácticamente está en tu adn.

Tanto Waters como el enigmático Gilmour, junto a Nick Mason y Richard Wright, mostraron su fanatismo al fútbol no sólo fundando este equipo sino también a través de su sencillo “Fearless”, en donde al final de la canción incluyen una parte de “You’ll never walk alone”, el mítico himno del Liverpool, cantado por su afición.

No sé, tengo mis dudas. Sigo fiel a mi creencia de que la gente que ama al fútbol, no necesariamente es poco inteligente. Tampoco creo que sean personas que no leen o que son poco interesadas de lo que pasa en su país, políticamente hablando. Supongo que Pink Floyd lo demuestra. Sintámonos entonces afortunados de poder sentir ese amor dual que no cualquiera puede experimentar.

COMBAT SPORTS-THE VACCINES

Por Germán Ortega (@Gobi3_1)

Ya han pasado siete años desde que la agrupación originaria de West London sacó su primer álbum What Did You Expect From The Vaccines, en el que muchos medios los categorizaron como otro de los nuevos salvadores del rock británico, teniendo sus influencias del punk y generando una fusión entre dicho género con el indie y que se refleja en canciones como Wreckin’ Bar (Ra Ra Ra). Un año después, lanzaron Come Of Age, que proseguía esta misma batuta revival, pero que pasó un poco desapercibido a pesar de contar con las icónicas Teenage Icon y I Always Knew, dos himnos imprescindibles en el conjunto.

Para 2015, la banda decidió empezar a navegar en otras aguas con su tercer lanzamiento English Graffiti, en la que los sintetizadores y la adición de elementos pop serían los grandes protagonistas. A pesar de contar con unos cuantos tracks que respetaban los principios de lo que en su tiempo fue un cuarteto, muchos lo consideran el lanzamiento más débil de la banda, más no totalmente malo.

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Tres años más tarde, The Vaccines regresan con Combat Sports, su cuarta larga duración que busca regresar a esos inicios indie-punks y que ahora se le suma a sus filas el tecladista Timothy Lanhman, quien acompañaba a la agrupación en sus conciertos.

Con un novedoso logo e ideas frescas, estamos ante el disco más conciso y honesto que la banda nos ha ofrecido. Comenzando desde cero tras la endeblez de su lanzamiento anterior, la agrupación retoma sus raíces mezclando melodías y letras que ensamblan a la perfección con las diversas líneas de bajo, riffs, y los sintetizadores utilizados de manera sutil formulando composiciones más alegres y directas que hablan de los amores, desamores y adicciones.

Pasando de temas relajados, jubilosos y que evocan en cierta parte a The Clash como la abridora Put It On A T-Shirt, en I Can`t Quit se desmesura en sus letras lo complicado que pudiese ser la culminación de una relación amorosa. En Your Love Is My Favorite Band se singulariza por los tintes indie y las respectivas melodías en las guitarras, mientras que Surfing In The Sky induce la primer canción desatada del disco con dichos redobles y línea de bajo en su comiezo, para después culminar la primera mitad del álbum con dos respiros alegres y tranquilos como lo son Maybe (Luck of the Draw) y Young American.

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El segundo medio del material arrancaría con Nightclub y Out In The Street, la parte con más adrenalina del disco mostrando un lado más garage y tirándole un poco al post punk. En Take It Easy y Someone To Lose aludirían a composiciones de su primer placa discográfica, y finalizarían esta larga duración con Rolling Stones, y que con su fina introducción acústica acompañada del órgano interpretan un cierto homenaje a la icónica deidad británica (sobre todo en el aspecto vocal) con una melodía que evoca a sonidos del rock sesentero pero ejecutado con el sello característico de la banda.

Con Combat Sports, The Vaccines confirman que están más inclinados a crear discos que prosigan su propio camino sin dejar de lado el estilo que los dio a conocer, en lugar de haber continuado con una evolución de sonido y experimentaciones que hubiesen sido un grave paso en falso en la banda. Un material de punk melódico feliz de tan solo treinta y tres minutos que demuestra a una agrupación joven británica en el más puro estado de regocijo, firmeza, más frescos y completamente renovados para hacer brincar a sus fans.

Título: Combat Sports
Artista: The Vaccines
Género: Indie Rock, Garage
Fecha de Lanzamiento: Marzo 29, 2018
Disquera: Columbia
Duración: 33 minutos

RESEÑA: BOARDING HOUSE REACH-JACK WHITE

Por Germán Ortega  // @Gobi3_1

Hoy en día, cada vez es más complicado encontrar a gente que pueda proseguir la bandera del rock. Y no lo menciono porque éste haya perdido su relevancia, si no a que gran mayoría de las bandas prefieren recalcar lo ya inventado sin dejar propuesta alguna, o en el peor de los casos, buscar generar un nuevo concepto pero con ideas poco concisas que provocan la huida de críticos o consumidores de música abiertos a cualquier género.

Afortunadamente en nuestros días, tenemos a agrupaciones y gente que se ha encargado de si no continuar con la batuta del rock (en su forma más tradicional), de generar un respectivo revival de éste. Digo, cuantas bandas de la época de los noventa o dos miles que muchos ya daban por finadas no esperaban que anunciaran su respectiva reunión, o algo más lejano, un nuevo material discográfico. Aunque no todo lo que se vende son reagrupaciones y nostalgia, hay otros que deciden continuar trazando su propia ruta, dentro de ésta categoría es donde se encuentra el inigualable y en pocas veces controvertido Jack White.

Con una carrera de casi dos décadas, el músico originario de Detroit se ha encargado de posicionarse como uno de los músicos más importantes de nuestros días. Abordando su trayectoria con The White Stripes, el dueto que conformó con su ex-esposa Megan y que los llevó a la fama con la enigmática Seven Nation Army (que ahora es muy vitoreada en los estadios de fútbol) así como elevar los estándares del Garage Rock del nuevo milenio y del cual una camada de bandas los tomarían como influencia. Sin embargo, no sería lo único de lo que se mantendría Jack White.

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Posteriormente formó con algunos miembros de The Greenhornes a la banda perecedera The Raconteurs, de la cual solo sacó dos álbumes hasta su ruptura en 2011 y de la cual aún se espera una reunión. Y por si fuera poco, también se encuentra en las filas de lo que se denomina un “supergrupo”, el cual conjunta junto a Jack Lawrence, Alison Mosshart de The Kills y Dean Fertita de Queens Of The Stone Age; los cuatro conformando a The Dead Weather. Todas las agrupaciones teniendo como la misma base musical, retomando influencias de Led Zeppelin y otras agrupaciones de los setentas.

Pero no fue hasta el 2012 con el lanzamiento de Blunderbuss, su álbum solista debut, en el que Jack White en verdad decidió salirse de su zona de confort y tener más libertad en la composición y ejecución de sus propias piezas; cosa con la que prosiguió dos años después con Lazaretto, su segundo larga duración en la que se mostró más experimental y cada vez queriendo explorar nuevos sin alejarse de las bases del blues y el rock clásico. Y con ello, muchos nos cuestionamos la forma en la que el mismo músico evolucionaría en sus próximas placas. ¿En verdad este ingenio duraría por más rato yéndose más allá de los horizontes? Y no había obstáculo alguno que lo detuviera.

Cuatro años más tarde, y después de un merecido descanso de los escenarios, Jack White regresa con Boarding House Reach, su tercer álbum solista en el que continua con su búsqueda de arriesgar. Siguiendo la misma línea característica y estilo, pero ahora buscando parar en otros géneros como el funk y el hip-hop (aunque ésta última abordaría muy poco de ello), la presencia de órganos, melodías acústicas-folclóricas y con dos composiciones que funcionan como interludios o spoken words musicalizados.

Esta placa discográfica es lo más arriesgado que nos pudo entregar el fundador de Third Man Records hasta la fecha, pero también lo menos sólido. Es probable que no todos a les pueda convencer el álbum desde la primera escucha, se necesitaran de varias para poder digerirlo o incluso comprenderlo. El primer track y sencillo que se dio a conocer, Connected By Love, nos induce la presencia de sintetizadores, la cual continuaría en otras pistas del disco, pero la misma necesidad de querer unir todas estas ideas pueden aturdir al mismo oyente haciéndolo un poco irritante.

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En Corporation, se muestra la clara inclinación al funk estilo James Brown con un ritmo que recuerda un poco a Walk This Way de Aerosmith, para proseguir con Hypermisophoniac, sin duda la peor composición de todo el álbum, que es la atroz fusión de una melodía de piano mezclándolo con elementos de sintetizadores que parecen salidos de una fallida sesión de estudio (no me imagino cómo se las ingeniará para interpretar esto en vivo). A partir de aquí, el disco se torna diferente conforme van transcurriendo las canciones.

Ya una vez pasado dicho espanto, el disco continua con Ice Station Zebra y Over And Over And Over, éste último siendo una de las canciones que habían sido resguardadas de la era de The White Stripes y que hasta hace unos días dio a luz, la mejor y más precisa pista de todo el álbum. En Everything You’ve Learned y Get In The Mind Shaft se caracterizan por la protagónica voz robotizada de Jack pero que al final, terminan siendo bastante olvidables. Y ya en la parte final, se encuentran What’s Done Is Done y Humoresque, dos tracks que terminan el álbum de una forma suave y liviana y que remontan a fragmentos del country y el blues tradicional.

Es indiscutible, la cantidad de ideas y lo ingenioso que puede llegar a ser Jack White sin importar en que proyecto lo involucres, pero no siempre esas ideas las tiene del todo cuajadas, y en Boarding House Reach se capta. No creo que sea un disco fallido en su totalidad pero si estamos presentes ante uno bastante inconsistente en el que refleja a un músico con una numerosa cantidad de ideas y ambición por experimentar pero que abusa de ellas entregando un disco un poco complicado de digerir, empalagoso y bastante monótono. Aunque es demasiado prematuro pensar en una cuarta larga duración, esperemos que tenga las ideas más concisas y no tan alocadas para las próximas producciones discográficas. Que esto sea simplemente un leve desacierto en su carrera.

Título: Boarding House Reach

Artista: Jack White

Género: Blues Rock, Funk, Country

Fecha de Lanzamiento: Marzo 23, 2018

Disquera: Third Man Recprds

Duración: 44 minutos