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Bersuit festeja 30 años en el Plaza

Hugo Carreón // @HugoCarreon_

30 años de carrera no podían festejarse sin visitar uno de los lugares donde más fanáticos tienen: “No se cumplen años si no se viene a México, gracias por hacernos sentir en casa”, así arrancó Daniel Suárez luego de que Bersuit comenzara el concierto con dos temas clásicos: Desconexión sideral y La Soledad.

La noche del festejo en la Ciudad de México continúo con un tema que fue muy coreado por los fans, Toco y Me Voy, que además la banda dedicó al jugador argentino de los Pumas, Mauro Formica dándole el toque futbolero al concierto que canción a canción subía de intensidad.

En complicado encapsular en una sola noche 30 años de carrera pero Bersuit lo hizo de forma perfecta, como avanzaba la noche llegaban los hits, así fueron pasando uno a uno desde El Tiempo no Para, Venganza de los Muertos y Espíritu de esta Selva, repasando discos como “Don Leopardo”.

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La segunda parte del show arrancó con Perro Amor Explota y como era de suponerse, el Plaza se puso de cabeza, todos saltando, todos bailando al ritmo de uno de los temas que colocaron a Bersuit entre los fans mexicanos.

Para la “última” parte del show dejaron grandes clásicos como Yo Tomo, El Viejo de Arriba y Porteño de Ley en voz del gran Tito Verenzuela. Antes de cerrar la noche Dani Suárez dijo: “No podemos irnos sin esto que nos trajo a México” y comenzó a sonar Señor Cobranza.

Los fans querían más y la banda tuvo que regresar para tocar un par de clásicos, primero Un Pacto y el gran final llegó con Mi Caramelo. Así empezó oficialmente la gira mundial por los 30 años de una de las bandas argentinas más importantes de los último tiempos.

Sí, la noche estuvo de la Cabeza con la Bersuit Vergarabat.

SETLIST PLAZA CONDESA:

Desconexión sideral
La soledad
Toco y me voy (Dedicada al futbolista de Pumas Mauro Formica)
Barriletes
Cuatro vientos
¿Qué pasó?
Negra murguera
Luna hermosa
Agradezco
El tiempo no para
Perro amor explota
Venganza de los muertos pobres (Afro)
Espíritu de esta selva
Por si pasa
Vuelos
Huayno 14
Esperando el impacto
Porteño de ley
Que hable de vos
No vengan
El viejo de arriba
Sr. Cobranza
Yo tomo
Se viene
La bolsa
Encore 1:
Me voy
Un pacto
Encore 2:
Mi caramelo

RESEÑA: EAT THE ELEPHANT-A PERFECT CIRCLE

Por: Germán Ortega // @Gobi3_1

Ya han pasado catorce años desde que A Perfect Circle lanzó aquel eMotive, un conjunto de covers turbulento y con versiones apocalípticas de algunas bandas o artistas que los han inspirado a implementar el género que ejecutan hoy en día. Un disco un poco desapercibido de la banda tras haber sacado Mer de Noms y Thirteenth Step, sus dos primeros (y únicos) álbumes de estudio en el que demostró una cara más orgánica y neblosa de lo que Maynard James Kennan venía manejando con Tool desde los noventa. ¿Qué ha sido del proyecto de Maynard y Billy Howerdel en ese lapso de tiempo? Muchos pensábamos que la banda se mantendría como un proyecto del cual se subsistiría de presentaciones en vivo y lanzamientos distanciados de boxsets con nuevas canciones, remixes y versiones inéditas de sus composiciones. Sin embargo, desde su reunión en 2009, muchos seguidores de la agrupación (en especial del trabajo de Maynard) no perdieron un gramo de esperanza de la posibilidad de un nuevo material discográfico,  del cual hasta hace unos días pudimos recibir en nuestras manos y computadoras.

Eat The Elephant es el nombre que denomina a la más reciente placa de A Perfect Circle y la primera en catorce años desde su último lanzamiento (quince si quieren considerarlo desde el Thirteenth Step) y del cual tuvo mucha inspiración en varias presentaciones que el conjunto realizó en la parte norte del continente americano (incluida ese magnánimo performance en la más reciente edición del Knotfest México). Siguiendo la rutina implementada por el mismo líder de Tool y Pusicifer (primero se componen las melodías, posteriormente se complementan con las letras según el ambiente de cada canción), notamos en Eat The Elephant a una banda que busca salir de su zona de confort y demuestran un lado de Maynard que no lo conocimos y que estaba ávido por experimentar desde tiempo atrás.

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El track abridor homónimo nos induce la línea de lo que uno espera al escuchar este material, una penumbra acompañada de las notas de Howedel en el piano y que al final de la misma con la frase “Just Begin” nos preludia a su sucesora Disilussioned, que como el mismo título señala, es la crítica de Maynard hacia la sociedad contemporánea, o incluso hacia el mismo mandamás que gobierna la nación de las barras y las estrellas; tal y cómo se manifiesta en The Contrarian, título apropiado para definir a una clase de psicópata y retrógrada como lo es Donald Trump. Tras melodías que aluden al rock progresivo setentero con cierta pauta en el ambient, nos reencontraríamos con el viejo estilo de la agrupación en The Doomed, la primera probada que pudimos conocer de este Eat The Elephant y la más pesada de todo el conjunto de canciones que lo conforman en la que reencarna el tema del último sermón de Cristo.

Para So Long, And Thanks For All The Fish el álbum cambiaría de manera abrupta, ya que es de lo más peculiar que la banda ha lanzado en toda su carrera, y que se comentó bastante en cuanto al sonido que se adentraba más a una reencarnación de Thirty Seconds To Mars o Snow Patrol, aunque eso no es una mala noticia como algunos creen. Aquí podemos notar a Maynard en tonalidades más altas de lo que le conocemos (lo único más cercano a ello es aquel intro de The Pot), una temática más entusiasta y rindiendo tributo a todos aquellas celebridades que nos dejaron en el 2016 así como a la novela de ficción de Douglas Adams “Guía del Autoestopista Galáctico” de la cual se inspiraron. En lo personal, la gran sorpresa de todo el disco.

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Con TalkTalk y siendo fieles al estilo de Thirteenth Step, la banda manifiesta la hipocresía de la sociedad estadounidense y el hecho de no tomar acción para poder ayudar a una sociedad muy vulnerable e indefensa de cualquier acto de arbitrariedad. Posteriormente se proseguiría con By And Down The River, aquel adelanto ofrecido en el 2013 que nos daba cierta esperanza después de un rato de silencio absoluto y que terminó siendo reversionada para el corte final, y Delicious que habla sobre las consecuencias que se deben de afrontar al actuar, tanto para bien como para mal con una improvisación acústica muy bien impuesta. Posteriormente, el interludio DLB y Hourglass serían el punto más flojo o menos interesante de toda la placa. Ésta última fue estrenada en directo sin necesidad de haber estrenado su versión de estudio, y la verdad que con todo el auto-tune en la voz de Maynard y por ser un intento de reencarnar en ciertos elementos a Puscifer, el track se queda corto en cuanto a la línea de manejo del álbum mientras nos recuerda que el tiempo se nos agota para la toma de decisiones como humanidad así como la escucha de este larga duración; el cual terminaría con Feathers y Get The Lead Out, éste último siendo una reflexión con una armonía tecnológica que podría mentar a bandas como Massive Attack o algún proyecto alterno de Trent Reznor, en la que el mismo Maynard nos pide seguir adelante si es que queremos lograr algo como raza humana y de manera individual.

Con todo el concepto desarrollado a lo largo de estas doce piezas que lo conforman, Eat The Elephant podría considerarse un regreso honesto de A Perfect Circle sin llegar a ser sobresaliente como algunos de sus seguidores lo han vitoreado (Mer De Noms se mantendrá como materia insuperable por mucho tiempo). Aún con los altibajos y defectos como la diversa repetición y falta inspiración en algunas letras de las piezas sonoras, el abrupto cambio de tonalidad en éste (The Doomed a So Long…), o incluso ese espanto de portada que representa los tópicos del disco; si Maynard no busca darle cuerda a Puscifer o cualquier otro proyecto en el que pueda estar involucrado, este disco podría ser el paso previo ante la muy anticipada quinta larga duración de Tool, la cual ya se vienen cocinando desde hace unos cuantos meses pero de la que se ha especulado desde hace varios años. Por ahora este material servirá para hacer amena dicha espera.

Título: Eat The Elephant

Artista: A Perfect Circle

Género: Rock / Metal Alternativo

Fecha de Lanzamiento: Abril 20, 2018

Disquera: BMG

Duración: 57 minutos

Un catalizador llamado William Miller

Laura Almaraz // @LauAlmaraz

Siempre hay algo que funciona en nuestras vidas como catalizador: la muerte de alguien querido, la historia en la que nos vemos identificados dentro de una canción, un diagnóstico mortal, una banda. Uso catalizador desde su significado como sustancia: aquello que acelera o retarda alguna reacción química sin participar directamente en ella.

Cuando vimos Almost Famous (Dir. Cameron Crowe. Perf. Kate Hudson, Billy Crudup, Philip Seymour-Hoffman. Columbia Pictures. 2000), nos dejamos atrapar por esa historia del «sí somos algo, pero no podemos ser ese algo», protagonizada por Penny Lane y Russell Hammond. O quizá lo que nos conquistó fue escuchar acordes de The Who, Todd Rundgren, The Seeds, Stillwater, Lynyrd Skynyrd, Led Zeppelin o Elton John. Ya cada quien elija lo que más le gustó de la historia de Crowe.

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Pero el verdadero catalizador, para mí, fue William Miller. El personaje es un gran reflejo de lo que uno puede ser en la vida de los demás: un envión, algo que los impulse a crecer o quedarnos en el mismo lugar para siempre. Cuando conocí a Roberto, mi exnovio y músico de profesión, la madurez todavía no le llegaba por completo (incluso no creo que ya le haya llegado del todo aún), pero creo que en su vida fui lo que Rolling Stone para William Miller: un catalizador.

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William, en su narrativa de lo que tiene que pasar para escribir la historia de la portada sobre Stillwater, describe cómo su forma de ser no cool (tanto como la mía) obliga a que los demás desarrollen síntomas de madurez. Mientras más se va exponiendo y mientras más convive con ellos, el feedback es impresionante. Lo que aprenden unos de otros es claro y lo dejan ver hasta el último minuto de cualquiera de las dos versiones que hayamos visto de la película. En cualquiera de los casos, al final, quienes se ven obligados a madurar, a convertirse en adultos, a crecer, son ellos, Stillwater.

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El tipo de enseñanzas que nos puede traer una cinta, a través de su banda sonora, a través de su guión, o del propio lenguaje corporal de sus personajes, es grande, aunque muchas veces subestimado. Almost Famous fue uno de esos filmes que se convirtió en uno de culto porque, como Stranger Things, aludió a la nostalgia para volverse un éxito, un producto de adoración que está a nada de cumplir dos décadas de su creación.

Los catalizadores se hacen presentes de miles de maneras. A Roberto, por ejemplo, el catalizador le provocó crear una banda que no pretende ser Almost Famous. Con un sonido psicodélico que no terminó de definir, M & The rabbit in the hat es la muestra de una evolución musical, de una madurez personal alcanzada a través de vivencias, de música, de enseñanzas que como Stillwater, tuvieron que aprender de una persona como William Miller, para madurar.

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Almost Famous nos sigue enseñando, a 18 años de haberse estrenado, que cada uno de nosotros toma como catalizador lo que más ama: una persona, una canción, un animal, una banda. De ahí a que lo sepamos utilizar para madurar o quedarnos estancados para siempre, es otra cosa.

RESEÑA: SEX & FOOD-UNKNOWN MORTAL ORCHESTRA

Por Germán Ortega // @Gobi3_1

Es fácil el simple hecho de catalogar a una banda dentro de un género en específico. A lo largo de las décadas, estas surgen por una manifestación de ideas que destacan un momento social o personal en la vida de estas personas. Pasando de épocas más remotas donde el Jazz y el Blues dominaban en tiempos donde la gente de raza negra era vista con cierta malicia y lo expresaban en sus letras melancólicas, desoladoras y de armonías suaves, hasta explorar la otra cara de la moneda, en donde la alegría y el sentimiento de gozadera eran tópicos en el Funk y la música Disco. O incluso, géneros que combinaban ambos estados de ánimo y que varias agrupaciones de rock han expresado desde sus comienzos hasta nuestros días en todas las vertientes surgidas. No hay que hacer de menos a géneros como el Rap, Trip Hop complementando a sonidos que abordan a la música electrónica o sintetizadores, que no siempre son del todo digeribles para el público general o incluso no logran llegar al alcance de todos, pero que tiene su mérito y aportaciones. Un largo camino a través de los años en el que las diversas agrupaciones e intérpretes han tenido que definir su estilo.

Con Unknown Mortal Orchestra el caso es bastante peculiar. La agrupación de origen neozelandesa ha ido en la búsqueda de una ruta sonora a través de sus discos con una historia o alguna experiencia que contar por parte de su líder Ruban Nielson. Si bien se dieron a conocer con un sonido más inclinado al indie con su ópera prima homónima del 2011, no tardaron más de un año en sacar II, su respectivo sucesor que abordaba un estilo completamente distinto y donde la banda comenzó a adentrarse en el Lo-Fi y fusionaba otros elementos de la psicodelia con diversos arreglos vintage que tenían como resultado final composiciones bastantes disfrutables. Y continuarían con esa evolución sonora para Multi-Love, que marcó en el 2015 el punto máximo de maduración del conjunto así como su accesibilidad e interés en el público con temas como Multi-Love, Like Acid Rain y The World Is Crowded.

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Para este 2018, UMO regresa con Sex & Food, su cuarta larga duración tras una serie de lanzamientos tanto de sencillos de manera aparatada (First World Problems) y un par de extensas experimentaciones (SB 04 y 05) previo a la grabación de ésta. Sin embargo, la dinámica implementada sería distinta, ya que el líder de la agrupación narra a través de los doce tracks la situación social que transcurre en el planeta mediante el recorrido en las ciudades en las que se grabó el material, siendo algunas de éstas Auckland, la cuna de la agrupación; la Ciudad de México, específicamente en los estudios Panoram; Portland en Oregon, donde actualmente residen, entre otras localidades más del globo terráqueo.

El álbum arranca con A God Called Hurbis, un breve intro instrumental que no sobrepasa del minuto que nos induce la línea que va a seguir el disco, para continuar de forma inmediata con Major League Chemicals, donde el lo-fi y la distorsión de las guitarras hacen sentir cierto toque de urbanidad dando un prólogo bastante energético. En Ministry Of Alienation, se baja un poco la intensidad dirigiéndose más hacia el soul y terminando de una forma bastante abrupta e inesperada en la que uno se queda con ganas de escuchar más de esa breve intervención de saxofón. Con Honeybee, la banda continúa con el estilo fiel, relax y complaciente que ya les conocemos y con las letras más maduras aludiendo a cierta vibra setentera.

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Pero si hay algo característico del álbum en comparación de sus predecesores es el protagonismo que llevan las guitarras, y un ejemplo claro es el primer sencillo que se dio a conocer, American Guilt, el track más abrumador, pegadizo y contundente del disco. La marea se bajaría de nuevo con Everyone Acts Crazy Nowadays y The Internet Of Love, temas que relatan algunas problemáticas y vicios del individuo en el entorno social. Con Not In Love We’re Just High aborda el tema de la fantasía y las relaciones humanas en el género más acomodado para expresarlo, el R&B; para así proseguir con This Doomsday, la pieza acústica de todo el álbum que avecina un supuesto apocalipsis; y así finalizar con How Many Zeros y If You’re Going To Break Yourself, dos tracks con cierta materia cósmica que aborda el cuestionamiento de nuestra existencia como individuos y lo que nos depara para el futuro.

Al final del viaje y sin abandonar del todo el sello indie característico desde inicios de la agrupación, Sex & Food podría considerarse como el lanzamiento más completo de Unknown Mortal Orchestra. No solo por el estado de ánimo que refleja el álbum (que contrasta mucho entre par de canciones), si no por la vanguardia y el hecho de Nielson de querer seguir contándonos algo en estos tiempos de incertidumbre en la humanidad, que podría convertirse en el soundtrack adecuado dentro de estos tiempos de crisis y conflicto.

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Título: Sex & Food
Artista: Unknown Mortal Orchestra
Género: Indie, Funk, R&B, Rock, Soul
Fecha de Lanzamiento: Abril 6, 2018
Disquera: Jagjaguwar
Duración: 41 minutos

 

Pearl Jam se une a la fiebre por Rusia 2018

Por Germán Ortega // @Gobi3_1

Estamos a unas cuantas semanas de que se lleve a cabo la edición número veintiuno de la Copa Mundial del FIFA en Rusia, y la fiebre futbolera ya abunda en gran parte del planeta. Ésta se ensalza con algunas actividades que se realizan cada cuatro años: el recorrido del trofeo en algunas ciudades importantes, la veraniega costumbre de llenar los álbumes de cronos, o incluso hacer los pronósticos de la fase de grupos para que poco a poco predecir al supuesto campeón de la competencia. Y como siempre, luego hay celebridades que deciden unirse a dicha fiebre pambolera de la máxima fiesta del futbol mundial.

En esta ocasión los que deciden unirse a la celebración son la banda originaria de Seattle, Pearl Jam, que anunciaron en su sitio oficial una colección de diversos jerseys coleccionables de estilo retro que fueron fabricados en Europa por la marca Copa.

Por fortuna nuestra, se hizo una que hace semblanza a la selección nacional de México, la cual competirá en dicho torneo. Los otros doce países que conforman esta colección son: Alemania, Argentina, Brasil, Chile, España, Estados Unidos, Francia, Holanda, Inglaterra, Irlanda, Italia y Portugal.

El costo aproximado de cada una es de unos sesenta dólares, que es un equivalente a 1276 pesos (más cargos y envío), y la puedes adquirir en el siguiente enlace: https://pearljam.probitymerch.com

Aquí te dejamos los modelos de esta gran colección que todo fanático de Pearl Jam (el grunge y la escena alternativa noventera) y futbolero de hueso colorado debe de portar.

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Amor dual: Pink Floyd y el fútbol.

Laura Almaraz // @LauAlmaraz

Las historias que tienen que ver con el fútbol inglés son apasionantes, más las que están relacionadas con la música. La semana pasada comentaba con un amigo cuán complicado es encontrar a un artista que ame tanto al fútbol sin considerarlo como una afición para ignorantes.

«Tengo muchos amigos que son artistas. La mayoría me dicen que no les gusta el fútbol, aunque hay otros, los menos, que me dicen que les apasiona tanto como salir a tocar, como pintar, como escribir», fue lo que me pasó por la mente cuando acostada sobre mi cama miraba hacia el techo.

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Pensé en las múltiples ocasiones en las que he escuchado que las personas a las que nos gusta el fútbol no nos gusta leer y yo, señores, yo leo, sólo que no lo ando presumiendo todo el tiempo. Después de pensar en todos esos detractores del balón, me puse a separarlos por gustos musicales y ahí fue cuando salió Pink Floyd. Muchos de los amigos que tengo son seguidores de la banda británica y también, odian el fútbol y odian a la gente que lo ama.

A Pink Floyd no se le puede odiar, vamos, es Pink Floyd. Pero me puse a reflexionar que ellos alguna vez formaron parte de un equipo de fútbol y propiamente, la banda se ha caracterizado por alzar la voz por muchas de las injusticias que se cometen en el mundo, algo que conocen porque leen.

Roger Waters, activista por convicción, se ha documentado sobre el conflicto Israel-Palestina, ha actuado en contra de las políticas antimigratorias de Donald Trump, se ha manifestado públicamente en contra de la manera de gobernar de Enrique Peña Nieto y cada que tiene algún concierto, procura estar enterado del contexto político que vive el país al que visita.

Trump Pendejo

Ese mismo Roger Waters, fue portero del PF FC, que era el nombre del equipo de fútbol que creó Pink Floyd a raíz de su afición por el balompié, algo que siendo inglés, prácticamente está en tu adn.

Tanto Waters como el enigmático Gilmour, junto a Nick Mason y Richard Wright, mostraron su fanatismo al fútbol no sólo fundando este equipo sino también a través de su sencillo “Fearless”, en donde al final de la canción incluyen una parte de “You’ll never walk alone”, el mítico himno del Liverpool, cantado por su afición.

No sé, tengo mis dudas. Sigo fiel a mi creencia de que la gente que ama al fútbol, no necesariamente es poco inteligente. Tampoco creo que sean personas que no leen o que son poco interesadas de lo que pasa en su país, políticamente hablando. Supongo que Pink Floyd lo demuestra. Sintámonos entonces afortunados de poder sentir ese amor dual que no cualquiera puede experimentar.

RESEÑA: BOARDING HOUSE REACH-JACK WHITE

Por Germán Ortega  // @Gobi3_1

Hoy en día, cada vez es más complicado encontrar a gente que pueda proseguir la bandera del rock. Y no lo menciono porque éste haya perdido su relevancia, si no a que gran mayoría de las bandas prefieren recalcar lo ya inventado sin dejar propuesta alguna, o en el peor de los casos, buscar generar un nuevo concepto pero con ideas poco concisas que provocan la huida de críticos o consumidores de música abiertos a cualquier género.

Afortunadamente en nuestros días, tenemos a agrupaciones y gente que se ha encargado de si no continuar con la batuta del rock (en su forma más tradicional), de generar un respectivo revival de éste. Digo, cuantas bandas de la época de los noventa o dos miles que muchos ya daban por finadas no esperaban que anunciaran su respectiva reunión, o algo más lejano, un nuevo material discográfico. Aunque no todo lo que se vende son reagrupaciones y nostalgia, hay otros que deciden continuar trazando su propia ruta, dentro de ésta categoría es donde se encuentra el inigualable y en pocas veces controvertido Jack White.

Con una carrera de casi dos décadas, el músico originario de Detroit se ha encargado de posicionarse como uno de los músicos más importantes de nuestros días. Abordando su trayectoria con The White Stripes, el dueto que conformó con su ex-esposa Megan y que los llevó a la fama con la enigmática Seven Nation Army (que ahora es muy vitoreada en los estadios de fútbol) así como elevar los estándares del Garage Rock del nuevo milenio y del cual una camada de bandas los tomarían como influencia. Sin embargo, no sería lo único de lo que se mantendría Jack White.

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Posteriormente formó con algunos miembros de The Greenhornes a la banda perecedera The Raconteurs, de la cual solo sacó dos álbumes hasta su ruptura en 2011 y de la cual aún se espera una reunión. Y por si fuera poco, también se encuentra en las filas de lo que se denomina un “supergrupo”, el cual conjunta junto a Jack Lawrence, Alison Mosshart de The Kills y Dean Fertita de Queens Of The Stone Age; los cuatro conformando a The Dead Weather. Todas las agrupaciones teniendo como la misma base musical, retomando influencias de Led Zeppelin y otras agrupaciones de los setentas.

Pero no fue hasta el 2012 con el lanzamiento de Blunderbuss, su álbum solista debut, en el que Jack White en verdad decidió salirse de su zona de confort y tener más libertad en la composición y ejecución de sus propias piezas; cosa con la que prosiguió dos años después con Lazaretto, su segundo larga duración en la que se mostró más experimental y cada vez queriendo explorar nuevos sin alejarse de las bases del blues y el rock clásico. Y con ello, muchos nos cuestionamos la forma en la que el mismo músico evolucionaría en sus próximas placas. ¿En verdad este ingenio duraría por más rato yéndose más allá de los horizontes? Y no había obstáculo alguno que lo detuviera.

Cuatro años más tarde, y después de un merecido descanso de los escenarios, Jack White regresa con Boarding House Reach, su tercer álbum solista en el que continua con su búsqueda de arriesgar. Siguiendo la misma línea característica y estilo, pero ahora buscando parar en otros géneros como el funk y el hip-hop (aunque ésta última abordaría muy poco de ello), la presencia de órganos, melodías acústicas-folclóricas y con dos composiciones que funcionan como interludios o spoken words musicalizados.

Esta placa discográfica es lo más arriesgado que nos pudo entregar el fundador de Third Man Records hasta la fecha, pero también lo menos sólido. Es probable que no todos a les pueda convencer el álbum desde la primera escucha, se necesitaran de varias para poder digerirlo o incluso comprenderlo. El primer track y sencillo que se dio a conocer, Connected By Love, nos induce la presencia de sintetizadores, la cual continuaría en otras pistas del disco, pero la misma necesidad de querer unir todas estas ideas pueden aturdir al mismo oyente haciéndolo un poco irritante.

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En Corporation, se muestra la clara inclinación al funk estilo James Brown con un ritmo que recuerda un poco a Walk This Way de Aerosmith, para proseguir con Hypermisophoniac, sin duda la peor composición de todo el álbum, que es la atroz fusión de una melodía de piano mezclándolo con elementos de sintetizadores que parecen salidos de una fallida sesión de estudio (no me imagino cómo se las ingeniará para interpretar esto en vivo). A partir de aquí, el disco se torna diferente conforme van transcurriendo las canciones.

Ya una vez pasado dicho espanto, el disco continua con Ice Station Zebra y Over And Over And Over, éste último siendo una de las canciones que habían sido resguardadas de la era de The White Stripes y que hasta hace unos días dio a luz, la mejor y más precisa pista de todo el álbum. En Everything You’ve Learned y Get In The Mind Shaft se caracterizan por la protagónica voz robotizada de Jack pero que al final, terminan siendo bastante olvidables. Y ya en la parte final, se encuentran What’s Done Is Done y Humoresque, dos tracks que terminan el álbum de una forma suave y liviana y que remontan a fragmentos del country y el blues tradicional.

Es indiscutible, la cantidad de ideas y lo ingenioso que puede llegar a ser Jack White sin importar en que proyecto lo involucres, pero no siempre esas ideas las tiene del todo cuajadas, y en Boarding House Reach se capta. No creo que sea un disco fallido en su totalidad pero si estamos presentes ante uno bastante inconsistente en el que refleja a un músico con una numerosa cantidad de ideas y ambición por experimentar pero que abusa de ellas entregando un disco un poco complicado de digerir, empalagoso y bastante monótono. Aunque es demasiado prematuro pensar en una cuarta larga duración, esperemos que tenga las ideas más concisas y no tan alocadas para las próximas producciones discográficas. Que esto sea simplemente un leve desacierto en su carrera.

Título: Boarding House Reach

Artista: Jack White

Género: Blues Rock, Funk, Country

Fecha de Lanzamiento: Marzo 23, 2018

Disquera: Third Man Recprds

Duración: 44 minutos